Hacer fotografías es contestar preguntas. Sé que puede sonar un poco raro, pero si lo piensas un poco coincidirás en que captar una imagen implica tomar (la mayoría de las veces de forma inconsciente) un montón de pequeñas decisiones que podrían resumirse en sólo dos.
Intentaré convencerte. Imagina que caminas con la cámara en tus manos, quizás estás de vacaciones conociendo una ciudad o un paisaje completamente nuevos para ti o por el contrario paseando por un lugar que conoces perfectamente. De repente algo llama tu atención, podría ser cualquier cosa: una sombra en la pared, aquellos niños jugando al balón, unas nubes con formas espectaculares, los colores de un bosque… Llevas la cámara a tu cara y te dispones a disparar…
¿Qué?
Ese es el momento clave. No lo dejes escapar pulsando el botón de forma apresurada. Date un instante para pensar y entender qué sucede…
Porque está claro que ahí, delante de tus narices, hay algo que ha hecho que de repente sientas el impulso de hacer una fotografía. Algo te ha obligado a detenerte y encuadrar, puede que no sea obvio (o sí) pero no hay duda de que está ahí y aunque ahora mismo no sepas explicártelo es justo lo que querrás que muestre tu fotografía cuando esté acabada. Y si no lo hace te sentirás decepcionado.
Por eso es tan importante identificar qué quieres conseguir con tu imagen: para alcanzar un objetivo tienes que saber cuál es.
