Un blog te aporta muchas cosas. Está la interacción con gente de todo el mundo que comparte el amor por lo que te apasiona (lo que ya compensa con creces el tiempo dedicado) y la exposición a otras formas de ver el mundo, de interpretar lo que (crees que) conoces.

Además, personalmente, mantener esta bitácora me ha dado algunas lecciones que trato de aplicar directamente a mi aprendizaje como fotógrafo.
Ahí van:
La constancia lo es todo (no existen los atajos).
Supongo que esta es una enseñanza que tarde o temprano acabas asimilando en todos los aspectos de la vida. También cuando tienes un blog te das cuenta de que la regularidad en la publicación de entradas es la mejor (por no decir única) manera de asegurar una cierta visibilidad; no sirve de nada publicar cada dos días durante un mes si vas a dejar de hacerlo durante semanas.
Lo mismo sucede cuando te propones crecer como fotógrafo: requiere estudio y práctica constantes. Quizás no puedas dedicarle todo el tiempo que te gustaría, pero cuando está disponible y en el momento adecuado… tiene que ser para la fotografía.