Hay muchas enseñanzas relacionadas con la Fotografía que debo a unos cuantos maestros, y además procuro mantenerme en todo momento abierto y receptivo a aprender de absolutamente cualquiera. Pero en todo proceso de aprendizaje llega un momento en el que, a la vez que absorbes conocimiento de los demás, comienzas a extraer tus propias conclusiones, esas que llegan a través de tu experiencia personal. Si no es así quizás algo no está funcionando como debiera.
Lo que vives por ti mismo es una fuente de conocimiento que, quién sabe, podría servir de una forma u otra a los que comparten tu pasión. Por eso me he decidido a compartir unos consejos que no he recibido, de esos que han ido tomando forma en mi cabeza con el paso del tiempo, como consecuencia de las pequeñas victorias y derrotas que inevitablemente le acompañan.

Decide tus prioridades y actúa en consecuencia.
Aclara qué lugar ocupa la Fotografía (o lo que sea) en tu día a día; sólo así podrás saber si le estás dedicando el tiempo y los esfuerzos que merece en base a tu propia escala.
Te contaré cómo funciona en mi caso: tengo claro que la Fotografía no es lo más importante de mi vida, pero sé exactamente qué posición ocupa entre las cosas que me importan. Por eso le reservo todo el tiempo que no dedico a lo que está por delante de ella. Dicho de otro modo: intento por todos los medios que nada menos importante que la Fotografía le robe ni un minuto.
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