03.03.2023

Cubridme.

Cuando oyes esa frase en una película o en una serie sabes que quien la dice está a punto de ponerse en riesgo, que está confiando su vida a quienes la oyen.

Si la pronuncia un actor secundario probablemente morirá acribillado en segundos, quizás en brazos del protagonista mientras suelta una frase lapidaria mirándole a los ojos.

Si es el personaje principal quien sale a campo abierto tememos menos por su vida pero la sensación de peligro y la incertidumbre siguen ahí. Algo está a punto de pasar.

Salir a hacer foto de calle es un poco lo mismo.

A ver, no es como asomarse a una avenida semidestruida por las bombas con francotiradores apostados entre las ruinas… Pero sí tiene algo de exponerse.

Y es que al final eres el rarito de la cámara que se pone a dar vueltas alrededor de una marquesina mientras la gente espera el bus.

El que se planta en una salida de metro, inmóvil entre los que salen de las escaleras.

El que puede pasarse 15 minutos en una esquina, esperando que aparezca algo rojo justo bajo la luz del semáforo mientras los demás lo esquivan, a veces emitiendo un chasquido de molestia.

Porque la gente de a pie no hace esas cosas, hace cosas normales: tomarse unas cañas, ir de casa al trabajo y de allí a casa, hacer la compra, charlar cuando se encuentra a un amigo en la acera…

Ya sabes, lo normal.

Hacer foto de calle no es lo habitual. No importa a cuánta gente conozcas que la practique, somos cuatro gatos.

Lo que sí es normal es sentirse un poco extraño, un poco solo.

Por eso es tan importante encontrar una tribu que no te mire raro cuando hablas de cómo cae la luz en una determinada esquina a una determinada hora.

O cuando les cuentas que ya has vuelto a sucumbir sumando un nuevo fotolibro a esa pila para la que nunca tienes suficiente tiempo.

O cuando confiesas que la gente te pone caras si te quedas quieto con tu cámara, esperando que suceda justo lo que imaginas.

Yo también me he sentido un tanto solo, pero ya no; he encontrado mi tribu. Está repartida por un puñado de países pero nos las apañamos para mantenernos en contacto estrecho.

Nos vemos las caras – en persona y a través de la pantalla – siempre que podemos. Compartimos dudas, experiencias y reflexiones.

Celebramos los éxitos y nos apoyamos cuando las cosas se ponen feas.

Te entendemos. Sabemos de qué nos hablas, hemos estado ahí. Estamos ahí a menudo.

El resto de la gente te dirá que para qué lo haces, que no lo hagas.

Nosotros te decimos esto: sal y haz lo que sientes que tienes que hacer.

Todo irá bien.

Nosotros te cubrimos.

Jota.

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