
- Nombre: Alberto Cubillo Romero.
- País de residencia: España.
- Web: 500px.
- Instagram: @albertocubillo_.
¿Cuál es tu primer recuerdo vinculado a la fotografía?
Las excursiones en el colegio, con una cámara desechable que mis padres me daban por la mañana y me acompañaban a revelar por la tarde.
¿Cuándo y por qué empezaste a hacer fotos (de una manera consciente)?
Durante la carrera. Soy arquitecto, y todos los semestres teníamos alguna asignatura de urbanismo. Ahí comenzó a fraguarse mi amor consciente por las calles, por deambular por la ciudad y ver la manera en la que las personas ocupan y viven los espacios. Hacerlo con una cámara y retratarlo, para mí y para los demás, era la evolución natural.
¿Qué es lo que hace que sigas haciendo fotos?
La respuesta corta es que es divertido, tremendamente divertido. La larga es que se ha convertido, con el tiempo, en una parte inseparable de mí. Podría no subir fotos a redes sociales, o no ver en pantalla y editar mis fotos. Pero no podía dejar de hacerlas. Es el acto de estar en la calle, de vagar de un lado a otro, y fotografiar las situaciones singulares que encuentro, lo que me hace querer salir con mi cámara cada vez que tengo un rato libre.
¿Qué otras aficiones tienes aparte de la fotografía?
La música, por supuesto. La literatura y el cine. Y, sobre todo, juntarme con mi familia y amigos a cocinar y comer todos juntos. Pasar una hora de sobremesa hablando sobre cualquier cosa. No necesito mucho más para ser feliz
Imagina un mundo sin internet y por tanto sin redes sociales… ¿Seguirías fotografiando? ¿Por qué? ¿Para qué?
Siempre. Para mí el disfrute está en el acto de fotografiar. De pasear y pararte unos instantes a mirar tu alrededor de manera consciente.
Dice Meyerowitz que la cámara es una licencia para mirar el mundo. Y yo ya no concibo mi manera de ver el mundo sin la fotografía. Las redes sociales son fantásticas para conocer a otros fotógrafos y tener una plataforma para exponer nuestro trabajo. Pero también una fuente de frustración y de comparaciones injustas. No quiero fiar mi constancia y mi amor por la fotografía al alcance que pueda tener en redes sociales.
¿Tienes alguna rutina o manía a la hora de salir a la calle a fotografiar?
Nunca me pongo música. Sé que muchísima gente lo hace y les funciona genial. Y estoy seguro de que viene genial para concentrarse. Simplemente a mí no me funciona.
¿Cuál es tu cámara favorita y por qué?
Mi Fuji X-Pro2 o la Ricoh GRIII. Aunque cualquier cámara vale para hacer fotografías, al final siempre hay cosas con las que uno opera mejor que con otras. La Ricoh es genial para llevar siempre encima y pasar desapercibido. La Fuji es muy cómoda para mí porque el visor me libera el ojo izquierdo, y puedo ver lo que pasa a mi alrededor. Son ligeras, las puedo llevar juntas, y combinadas cubren todas las situaciones que me puedo encontrar.
¿Prefieres fotografiar sol@ o acompañad@? ¿Por qué?
¿Por qué la fotografía de calle?
La calle para mí siempre ha sido, desde niño, un sinónimo de libertad. Es un tablero de juegos en el que, si uno presta la suficiente atención, se producen cientos de situaciones fascinantes. Sean fotografiadas o no. ¿Por qué la fotografía de calle? Porque me fascina la calle. Siempre estuvo antes. La fotografía, como decía antes, llegó de forma natural y como consecuencia.





Además de la fotografía callejera, ¿qué otro u otros géneros te atraen?
La fotografía documental, por extensión. Y supongo que la fotografía de arquitectura, por deformación profesional. A veces incluso hay una línea difusa entre las tres.
¿Quiénes son tus referentes fotográficos?
Cristina García Rodero y Koldo Chamorro, sin duda. Por barrer para casa y esas cosas. Y Ramón Masats y Cristóbal Hara, por supuesto. Fuera de nuestras fronteras siento especial devoción por Martin Parr. Pero la lista podría ser interminable: Harry Gruyaert, Joel Meyerowitz, Alex Webb, Gustavo Minas, Ernst Hass, Saul Leiter, Alfredo Cunha, Camilo Fuentealba, Carl De Keyzer… Intento aprender de todas las cosas y absorber todas las referencias que encuentro. Para qué iba a empezar a fotografiar de cero, si puedo hacerlo subido a los hombros de los gigantes.
¿Has identificado lo que tratas de transmitir con tus imágenes?
De como vivimos y nos relacionamos. De las cosas que pasan desapercibidas en el día a día, mientras corremos de un lado a otro. De la casa de mis abuelos, pero también de los lugares ajenos, los que me cueste entender, y en los que me sienta un extraño. De los niños jugando en un escenario improvisado entre bancos y mochilas. De las celebraciones y ritos que vivimos en colectivo, tanto los nuevos como los antiguos.
En definitiva, me gustaría hablar de las personas. Hacer una fotografía en la que pudiéramos ver una parte de nosotros misma reflejada.
¿Sales a fotografiar con una idea previa o te dejas llevar, a ver qué pasa?
Intento salir sin ideas preconcebidas, con los ojos abiertos a nuevos estímulos. Pero es difícil porque al final esa intuición está algo deformada por las referencias que uno tiene en mente, las fotos que ha hecho antes, los entornos en los que está más cómodo fotografiando… En mi caso suelo preferir espacios con multitudes. Me dejan mezclarme mejor con la gente, pasar más desapercibido y acercarme más de lo que haría en un espacio más abierto con menos gente. Esta preferencia, unida a que suelo utilizar un 28mm, ya es un condicionante de partida. Aunque intente dejarme llevar, la realidad es que en el momento que salgo por la puerta de mi casa ya he tomado muchas decisiones previas que afectan a las fotografías que pueda hacer ese día.
¿Fotografías más con la cabeza o te dejas llevar por los sentimientos y las emociones? ¿En qué medida tus emociones y estado de ánimo influyen en tu forma de mirar y disparar? ¿Piensas o reaccionas?
Generalmente con los sentimientos y las emociones. Aunque en el momento de componer la imagen intento que mi cabeza entre también en juego, bien sea por referencias de fotografías que tenga en mente o recuerdos de fotos que haya tomado en una situación similar que crea que funcionan bien. La experiencia, para que nos entendamos. Pero es cierto que para mí el acto de fotografiar tiene una componente mucho más emocional que racional. Dejo que la intuición guíe mis pasos y me haga tomar unos desvíos u otros.
¿La fotografía te ha ayudado a superar algún escollo?
Una de las cosas que más disfruto de la fotografía es que, cuando se alinean los astros, entras en una suerte de estado zen en el que las distracciones y preocupaciones externas desaparecen. Estás conectado con lo que pasa a tu alrededor, claro, pero lo haces con una mirada muy concreta. Tus pies y tu cabeza vuelven a estar en el mismo lugar, y en ese momento pasear por la calle con tu cámara para mí es una sensación parecida a levitar.
Esa sensación ha sido un remanso de paz mental durante muchos momentos de mi vida. A veces pasas por un mal momento laboral, y ese rato para la fotografía al terminar la jornada se ve como una luz al final del túnel. Otras es una ruptura amorosa, por ejemplo. Pasado el duelo inicial, te ves con una cantidad de tiempo enorme y necesitas esos momentos de introspección.
Ver envejecer e irse a la gente que queremos es otra cosa durísima, pero la fotografía también nos ayuda a documentar el paso del tiempo y salvar esos instantes para el recuerdo.
Con esto quiero decir, creo, que hay momentos en la vida en los que estos escollos pasan de manera inevitable. Decía T.S Elliot que el mundo se terminaba así, no con una explosión, sino con un sollozo.
Volviendo la vista atrás, muchos de los momentos más dolorosos de mi vida (por otro lado privilegiada) han sido casi silenciosos, prolongados en el tiempo y se han acabado convirtiendo durante meses o años en parte de mi rutina y mi día a día. Al igual que la fotografía. En esos momentos hacer fotos se convierte en una distracción y un refugio.
¿Cómo te sientes cuando haces fotografías? Cazador, pescador, agricultor, impostor…
Recolector. Me gusta moverme, no suelo quedarme quieto en un sitio si no encuentro nada que me llame la atención. Pero cuando lo hago intento sacar lo máximo posible de ello, aunque me lleve todo mi tiempo. Sin hacer mucho ruido y sin llamar demasiado la atención. Con el cuidado suficiente como para no agotar los recursos y poder volver otro día.
¿Cuáles han sido tu mejor y tu peor experiencia fotografiando en la calle?
Mis peores experiencias curiosamente han sido casi siempre en algún momento en el que no estaba haciendo fotos. Llevaba la cámara encima, sí, pero no me la había llevado al ojo para hacer una foto. Suele ser alguien muy nervioso, que actúa de manera agresiva y te grita y amenaza. Otras es alguien dentro de un grupo que tiene ganas de hacerse el gracioso. Algunas, pocas afortunadamente, ha sido alguien fuera de sí (alcohol, drogas…) con el que es imposible razonar. Aunque sabes que no estás haciendo nada malo, esas situaciones siempre te dejan con mal cuerpo. Sin hacer de menos esto, también creo que parte de nuestro amor por la fotografía de calle se debe, supongo, a que nos brida situaciones singulares que se suceden porque la gente y la manera que se relaciona en la calle tiene una componente imprevisible. Que nos sorprende. Esa es la cara buena. La mala es que a veces te encuentras con personas y situaciones desagradables. Es una mierda, pero eso también es parte de este juego que depende tanto del azar.
Creo también que es importante aprender a quedarte con las situaciones buenas que nos brinda la foto de calle para que esos malos momentos no lo nublen todo. Pocas veces me han afeado hacer una foto, sino todo lo contrario. En general el resultado es indiferencia o curiosidad. A veces hay gente que se acerca y te pregunta con interés genuino. Otras veces simplemente eres tú quien entabla coversación. Conoces a otros fotógrafos con intereses afines. Descubres lugares de tu ciudad que no conocías. A veces pasas frío, otras calor, sueño… Y no te importa mucho por el placer que te aportan esos momentos. El mundo se redescubre ante ti, y las cosas que siempre han estado ahí se revelan y las ves de otra manera. Para mí eso es lo mejor de fotografias en la calle. Que aprendes a ver lo cotidiano con otros ojos.
¿Qué fotografía te vuela los sesos y por qué? ¿De quién es?
Hay una fotogrfía de Koldo Chamorro que siempre me ha fascinado. Está tomada en lo alto de un campanario, creo que en Utrera. Un grupo de personas hace repicar las campanas. De todas ellas, uno vuela agarrado a la campana, mientras que los hombres que están abajo alzan la cabeza para mirarle, sujetando la cuerda. La imagen está encuadrada entre los muros del campanario, y el tiempo aparece detenido en ese preciso momento. Con el hombre en el aire. Es una imagen que se puede sentir, oler, escuchar. Pero también habla de la cultura y las tradiciones de un lugar y sus personas. La foto está cargada de significado.
¿Hubo alguna fotografía que no pudiste hacer y que no se va de tu cabeza?
¡Todas las veces que he ido a hacer una foto y tenía la tapa de la cámara puesta! O con una cámara analógica, cuando se te había olvidado avanzar el carrete y para el momento en el que lo consigues la foto se ha desvanecido… Me lo tomo con humor. Posiblemente no fueran nada especial. O sí, quién sabe.
Ahora mismo no puedo pensar en ninguna foto que no pudiera hacer y me siga persiguiendo a día de hoy. Al principio es verdad que me frustraban más las fotos que no hacía. Ahora muchas veces no disparo porque hay algo en mi intuición que me dice que no lo haga. Generalmente pasa cuando me fijo en el sujeto en concreto de la foto y me doy cuenta de que no es el momento ni el lugar, y sólo le iba a molestar. Habría sido una buena foto, quizás, pero no tan buena como para justificar joderle el día a alguien. Creo que la foto de calle se debe hacer, también, desde el respeto y la empatía hacia quien está al otro lado de la cámara. Y esa es la principal causa de las fotos que no hago. Vivo en paz con ello.
¿Tienes algún tipo de formación en fotografía (reglada o no)?
Alguna noción de fotografía de arquitectura durante la carrera o de composición, y algo de dominio de programas de renderizado, que intentan replicar la forma en la que funciona una cámara. Con el tiempo sí que indagué más e hice algún curso de revelado/edición. Aprendes a manejar la cámara tirando de tutoriales o manuales. Te encuentras con escritos o vídeos de los maestros trabajando. Ves la cantidad ingente de trabajos fotográficos que hay, y a los que tenemos fácil acceso a internet y las redes sociales…Pero como más he aprendido es a base de hacer fotos. A base de errores, básicamente.
¿A qué aspiras en lo fotográfico? ¿Cuáles son tus metas, tus sueños en la aventura de la fotografía? Un fotolibro, una exposición…
Aspìro a poder dedicarle al menos los próximos 60 años. Pasado ese tiempo, juntaré mi trabajo, lo filtraré y lo más significativo irá a un fotolibro que se llamará Early Works (2024-2084). A partir de ahí las bases estarán sentadas, y sólo quedará ir puliéndolo. Las exposiciones vendrán después.
¿A qué fotógraf@ invitarías a cenar, viv@ muert@ y por qué?
Me encantaría irme un día con Martin Parr a tomar una cerveza en un chiringuito de playa de Benidorm. Y una paella de estas amarillas radioactivas que afloran en muchos chiringuitos de España a partir de las 6 de la tarde, a la hora de cenar de muchos turistas.
De Martin Parr siempre me ha interesado su manera de retratar a las personas en sus momentos de ocio y vacaciones. Como las barreras del día a día se diluyen, uno se pone un sombrero, un bañador de flores y se echa una siesta debajo de la sombrilla. Estas cosas, que en otro contexto serían extrañas, o ridículas, se convierten en un ritual colectivo en el que se unen cientos, miles de personas. Yo veraneaba de pequeño muy cerca de Benidorm, en Calpe. Un pueblo precioso que se ha ido deformando hasta convertirse en un mini yo de Benidorm. Así que sus fotos también resuenan de manera especial en mí porque son como recuerdos de mi infancia a través de los ojos de otra persona. Me gustaría habar de todo eso, y conocer al fotógrafo detrás de esas imágenes que tanto me fascinan. Su forma de ver el mundo, qué le impulsa a seguir trabajando a día de hoy, qué le llevó a tomar esas fotos y no otras, qué temas trataría si volviera a empezar de cero…
Imagina que tienes un par de horas para tener en tus manos y probar la cámara que pertenece o perteneció a algun@ de tus fotógraf@s favoritos. ¿Qué cámara elegirías y por qué?
Voy a tirar por lo fácil. Cualquiera de las Leicas de Cartier-Bresson. Recuerdo una película que vi de pequeño de un niño que se encontraba las zapatillas de Michael Jordan, y empezaba a jugar al baloncesto como un profesional de la NBA. Quizás usando una de sus Leicas me llamen de Magnum. Tendría que probarlo…
¿En las calles de qué ciudad te gustaría perderte para hacer fotos?
Madrid, mi casa. Soy un caso extraño, toda mi familia vive aquí, así que no tengo un pueblo al que volver en verano ni ciudades en las que visitar a otros familiares. Soy Gato. He pasado 25 de mis 27 años allí. Madrid son las calles y lugares de mi infancia, mi adolescencia y ahora mi vida adulta. Y sin embargo, a través de la fotografía las redescubro cada día. En el fondo me gustaría que mi fotografía también hablara de eso. De lo cotidiano, mi casa, mi barrio, mi familia. Los sitios a los que iba con mi abuela a comprar. Los pasos de Semana Santa que veíamos juntos. Las calles que he recorrido con mis amigos. Las noches de fiesta. Las fiestas populares, las verbenas, la música y los puestos de comida. Disfruto muchísimo viajando y me encantaría fotografiar muchos otros lugares, pero también tengo la suerte de poder salir cada día por mi ciudad a hacer fotos, en vez de esperar a algo que llega muy de vez en cuando y dura sólo unos pocos días.
¿Cuál es el lugar que has visitado que más te ha impresionado? Desde el punto de vista de la fotografía callejera ¿sería el mismo u otro?
Estambul fue un antes y un después para mí. Tiene algo de occidental, algo de oriental y mucho de caótica. En el mejor sentido de la palabra. Ruido, olores, colores, personas fascinantes. Brotan los mercados por todas las esquinas, el tráfico se cuela por todos lados, pasa una moto entre un grupo de amigos sentados en la puerta de una tienda fumando una cachimba… Es acogedora y a la vez abrumadora. Hay una luz preciosa que se refleja en el Bósforo y baña la ciudad, pero también llueve bastante (al menos el tiempo que pasé allí). Por la noche los puestos de los vendedores ambulantes se iluminan con pequeños farolillos. Muchas calles están oscuras y estos puestos parecen luciérnagas en la noche. Los ferris cruzan entre el lado europeo y el asiático repletos de gente, mientras en ambas orillas se juntan cientos de pescadores. Estambul es una ciudad de contrastes, de síntesis entre opuestos, que conviven y la llenan de vida. Me encantaría volver una y otra vez a recorrer y fotografiar sus calles y mercados.
¿Tienes preferencia en cuanto a fotografiar en blanco y negro o en color? ¿A qué se debe?
A color, aunque disfruto mucho de la fotografía en blanco y negro porque te obliga a mirar de otra manera. Si no, sería tan fácil como hacer todas las fotos a color y luego editarlas como fuera más conveniente. Para mí el color es importante porque es un estímulo visual al que reacciono. Las ciudades a veces tienen un tono muy uniforme que hace que los colores vivos destaquen más. Un puesto de frutas o flores, un abrigo, un paraguas, la iluminación nocturna, un haz de luz anaranjado del atarceder que se cuela entre edificios… El color para mí es una pista que me sugiere temas a fotografiar.
¿Prefieres en digital o en analógico y por qué?
Digital por lo inmediato. Es uno de los vicios de nuestro tiempo, soy consciente. Pero para aprender a hacer fotos hay que hacer muchas fotos, y esa flexibilidad sólo me la da la fotografía digital. Disfruto mucho de la fotografía analógica y siempre llevo una pequeña point and shoot encima. Entiendo el encanto que tiene y cómo las limitaciones despiertan nuestra creatividad. En ese sentido, la fotografía analógica es fantástica para pararnos a pensar en lo que hacemos, entender bien el funcionamiento de una cámara y disparar de manera consciente. Pero en mi caso me quedaría con lo digital.
Si tuvieses que elegir un único fotolibro, ¿cuál sería y por qué?
Hay muchos, por supuesto, pero me viene a la mente Satellites de Jonas Bendiksen. Es un libro que nunca he tenido, y me encantaría añadir a mi colección. Pero si he tenido la suerte de poder leerlo. Tiene una colección de imágenes del mundo post-soviético que me parecen mágicas. Ya la portada, con unos granjeros subidos a los restos de un cohete, en medio de un campo en el que revolotean las mariposas, es absolutamente fascinante. El libro contiene una colección de fotos que se asoman en la realidad y el día a día de los países de la órbita soviética tras la caída de la URSS: ruinas de ciudades, imágenes de zonas de vacaciones, militares, arquitectura soviética, mercados… Cada foto parece ficción y sin embargo también tienen ese punto de realismo y de fotografía documental que hace que las imágenes sean muy potentes. Me interesa mucho ese contraste, esa manera en la que dos cosas opuestas conviven. La magia de lo cotidiano…
Si sólo tuvieras la posibilidad de realizar un único disparo ¿qué inmortalizarías para siempre?
Creo que a mis abuelos. En su casa.
Solo puedes elegir una: a) viajar donde quieras pero sin posibilidad de realizar fotografías. b) fotografiar cuanto quieras pero siempre en un mismo lugar. ¿Cuál eliges?
Fotografiar cuanto quiera pero siempre en un mismo lugar, sin duda.
¿Qué te aporta pertenecer al Club?
Soy relativamente nuevo en el Club, pero ahora mismo lo veo así: en un mundo tan saturado como el de las redes sociales, en el que uno accede de inmediato a cientos de miles de fotos, que se pierden de inmediato para ser sustituidas por otros estímulos, el Club es un entorno más acotado en el que aprender, contactar con otros fotógrafos y compartir nuestro trabajo. Un lugar en el que pararse a reflexionar en medio de todo el ruido. Como un puerto. Me gusta venir aquí de vez en cuando antes de salir a mar abierto a buscar aventuras.
¿Qué le dirías a tú yo de hace 15 o más años?
Que no era para tanto. Que iba a estar bien.
¿Cómo te imaginas dentro de 15 años? ¿Crees que seguirás haciendo fotos?
Supongo que tendré algo más de experiencia. Eso es inevitable. Habré vivido más cosas, buenas y malas, y sabré más de lo que sé ahora. Espero ser más sensato, más tranquilo, y quitarme algunos de esos vicios que normalmente se asocian a la juventud, como hablar sin saber demasiado. Y no perder por el camino la energía ni las ganas de aprender, de seguir saliendo a la calle, de seguir conociendo gente, lugares y de retratarlo todo con una cámara.